Las células madre son la materia prima del cuerpo; a partir de ellas se generan todas las demás células con funciones especializadas. Bajo las condiciones adecuadas en el cuerpo o en un laboratorio, las células madre se dividen para formar más células llamadas células hijas.
Estas células hijas se convierten en nuevas células madre o en células especializadas (diferenciación) con una función más específica, como células sanguíneas, células cerebrales, células del músculo cardíaco, células de cartílago, cabello o células óseas, etc. Ninguna otra célula del cuerpo tiene la capacidad natural de generar nuevos tipos de células.
Las células madre son células indiferenciadas, inmaduras, autorrenovables y capaces de generar uno o más tipos de células diferenciadas, caracterizadas por 2 propiedades esenciales; su capacidad de autorrenovación, fundamentada en la proliferación ilimitada y en su conservación como células indiferenciadas, y su habilidad para generar diferentes tipos celulares (óseas, sanguíneas, epidérmicas, cutáneas, neuronas, etc.); se encuentran divididas en células madre embrionarias y células madre adultas (CMA) o células madres mesenquimales (CMM)1, que se localizan en el tejido conectivo de diversos órganos, en la sangre periférica, el cordón umbilical, y en algunos tejidos del feto.
En 2007, el italiano Paolo de Coppi y su colega Anthony Atala consiguieron un hito que se convertiría en una de las grandes esperanzas de la ciencia biomédica: aislar y extraer células madre del líquido amniótico de una mujer embarazada. Los investigadores conseguían salvar así uno de los principales escollos éticos y religiosos que habían frenado la investigación en el campo de las células madre, ya que hasta entonces la única forma de obtenerlas pasaba por la destrucción de los embriones y, por lo tanto, del feto.
Este logro contribuyó a descubrir el enorme potencial de la medicina regenerativa, que permite generar una gran variedad de tipos celulares diferentes y de tratar enfermedades del sistema nervioso y musculares, entre otras.
Este tipo de tratamientos utiliza las propias células del cuerpo para reparar o reemplazar el tejido dañado o muerto y minimizar así el riesgo de rechazo que generan las células de un donante. Estas son algunas de las aplicaciones de la llamada medicina regenerativa.
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